martes, 25 de enero de 2011

La pereza

“Odio a la gente perezosa, hablaría mas al respecto, pero me da pereza…”
Anónimo

Todos hemos tenido pereza alguna vez. Pereza de lavar los platos, doblar la ropa, lavar el auto o pasear al perro. Sencillamente es una actitud humana.
Recuerdo en mis años colegiales, lo mucho que me costaba estudiar. No es que no me propusiera hacerlo, simplemente tomaba los libros para empezaba a leer, pero después de unas cuantas líneas, mi mente estaba a miles de kilómetros de ahí. Podía escuchar mi voz leyendo, pero mi nivel atencional había decidido tomar una siesta. Luego del fallido intento de estudio, pensaba que tal vez si dormía una hora, estaría listo y fresco para un tiempo de estudio de calidad, pero no era así. La hora de sueño terminaba siendo toda una tarde durmiendo.  De esta forma había desarrollado la habilidad de rehuir al estudio todos los días.

Podría decir que odiaba estudiar historia, matemáticas o biología, pero la historia, las matemáticas y la biología siempre han sido las mismas, el problema era mío. Sencillamente era demasiado perezoso.
La pereza es el camino fácil, entre esforzarse y holgazanear siempre resultará más sencillo lo segundo; y puede que en ocasiones sea hasta más placentero, pero no podemos seguir siempre ese camino, usted lo sabe y yo también. Si hubiera continuado con mi rutina de siestas vespertinas, en este momento sería el único colegial de treinta años.

Si la pereza no es algo positivo para el hombre, la Biblia tiene algo que decir al respecto, y el libro de Proverbios nos menciona lo siguiente:

"Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. Perezoso, ¿Hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado."
Proverbios 6:6-11

El concepto es simple, la responsabilidad implica trabajo, pero da recompensas. La pereza por otro lado, es placentera (seamos honestos, ¿a quien no le gusta dormir hasta tarde?), sin embargo paga muy mal.
El fruto del trabajo es una vida llena de bendiciones, dado que el trabajo es bendición de Dios. Así pues, todo lo que procede de Dios, lleva como propósito ser de bendición para el hombre.  Muchos piensan que el trabajo es una carga necesaria para pagar las cuentas. Como si Dios nos castigara por tener que trabajar. Sin embargo necesitamos recordar que Jesús mismo trabajó como carpintero, y al hacerlo dignificó el trabajo de todos los hombres.
Si no te gusta trabajar, te gustará menos la pobreza que implica la holgazanería como modo de vida.

La idea tampoco es hacer un culto al trabajo, ignorando que hay lapsos donde necesitamos descansar y despejarnos de todo lo que nos ocupa. Las vacaciones y los tiempos de ocio son necesarios, incluso son parte de trabajar. Es tan malo ser un holgazán, como lo es ser un adicto del trabajo. Pero el principio Bíblico simplemente trata de decirnos, que debemos ser esforzados en el tiempo que requiere esfuerzo, dar lo mejor de nosotros y ser responsables; y cuando llegue el tiempo de descansar, dejar el trabajo, donde lo encontrarás al día siguiente.

Lo sé, es mejor dormir siestas que estudiar historia, pero la vida nos puede pasar de largo si vivimos en un sueño, tenemos que despertar y afrontar nuestras responsabilidades. “Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio…”

lunes, 17 de enero de 2011

Vuelve a empezar

“Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal.”
Proverbios 24:16

Hay situaciones que son realmente embarazosas. Recuerdo una ocasión en el colegio, que corría para llegar a tiempo a una clase después del recreo, y no me fije que el piso estaba mojado. Como se imaginará velocidad más superficie húmeda, no pueden terminar en nada bueno. Ese día aprendí tres duras lecciones acerca de caerse en público:

1. La ley de la gravedad existe y es cruel.
2.  Por más que desees ser invisible en ese instante, es seguro que alguien estará mirando.
3. El dolor de la caída es nada comparado al dolor en el orgullo propio.

Caerse es una sensación bastante extraña. Por un lado tratamos inútilmente de mantener el equilibrio, pareciéndonos a un ebrio tambaleante, cuando sabemos bien que la caída es inevitable. Una vez que hemos sido acogidos por el suelo, levantamos la mirada para ver si alguien ha notado nuestra caída, en nuestro interior deseamos que nadie se haya percatado del vergonzoso incidente, solo para comprobar que todos están riéndose del espectáculo, de equilibrismo mal logrado que acabos de tener. Finalmente el proceso de levantarse es más vergonzoso que la caída en si ¿Por qué? Porque implica encarar los hechos: acabo de hacer el ridículo  y entre el coro de carcajadas a costa de mi humanidad y mi amor propio desparramado, tengo que aceptar que estoy expuesto y vulnerable.

Pero como le dije anteriormente de la caída aprendí cosas, y es que se aprende más de las caídas que de todas las veces que caminamos erguidos. Déjeme contarle algunas de las cosas que he aprendido, de todas las veces que he caído:

1. La ley de la gravedad y la de las probabilidades a veces trabajan juntas: la gravedad dicta que todos somos atraídos por una fuerza hacia el suelo. Y la ley de las probabilidades nos dice, que hay buen chance que el suelo nos atraiga en alguna ocasión. Conclusión: nadie esta exento de caer.

2. No se ría demasiado a gusto de quienes han caído, porque como ya aprendimos de la ley de probabilidades; algún día usted también estará en el suelo.  Y ese día querrá recibir más una mano que le ayude, que un dedo que le señale. Conclusión: sea misericordioso con quienes han caído.

3. Si en algún momento le toca saborear la ley de la gravedad en todo su esplendor. Acepte los hechos, supere la vergüenza y con actitud de humildad levántese y vuelva a empezar. 

Es en este último punto donde quiero hacer un mayor énfasis. Porque las caídas lo que nos muestras es nuestro propio carácter, para volvernos a levantar y encarar nuestros errores. Levantarse es de valientes. A lo largo de la historia bíblica, podemos ver muchos personajes que se equivocaron en algún momento de sus vidas. Podemos ver a Abraham mintiendo en Egipto, a Moisés golpeando la peña con ira, el rey David cometiendo adulterio, el profeta Jonás huyendo de la comisión de Dios, Pedro negando a su maestro y que me dice de un Pablo persiguiendo cristianos. Todos resbalaron y en algún momento de sus vidas, terminaron en el suelo. Pero no se les recuerda por sus errores, por la simple razón que no permanecieron en el suelo, sino que se levantaron. No somos contados por las veces que caemos, sino por las veces que nos levantamos.

Dios nos ama, y ha prometido que estará con nosotros, pero el camino es difícil y vamos a caer muchas veces antes de llegar a nuestro destino. Así que levántate, sacude el polvo, supera la vergüenza. ¡Animo, vuelve a empezar!

lunes, 10 de enero de 2011

Rahab, una historia de felices por siempre

Hace unas semanas vi por primera vez la película “Pretty Woman”, protagonizada por Julia Roberts y Richard Gere. El film ha sido uno de los más vistos y gustados de todos los tiempos, todo un clásico del género romántico según dicen, sin embargo yo había logrado evitar verlo por dos décadas.
Nunca había visto la película por tres razones de peso (al menos razones de peso para mí): No soy admirador del género romántico, ni de Julia Roberts ni de Richard Gere. Así que entenderá que no tenía mucho interés en ver la película, sin embargo fui atrapado por una de esas tardes de ocio, donde la televisión por cable ofrece ochenta canales de “nada por ver”.   

La película trata del amor entre un hombre de alta sociedad, por una prostituta de noble corazón. Durante el transcurso de la película pensaba, en la razón del por qué las personas aman este tipo de relatos. Y es que a lo largo de la historia cinematográfica, el público ha amado las historias románticas tipo cenicienta. La típica historia de la mujer de humilde condición, que encuentra a su príncipe azul y viven felices por siempre. Las personas aman la idea que cualquiera puede encontrar gracia delante de la realeza y ser favorecido con felicidad eterna. No puedo decir que disfruté la película (de hecho sigue sin gustarme), pero más allá de tardes de ocio; películas románticas y cuentos de cenicienta; quisiera contarle que la Biblia relata la historia real de una prostituta, que por su fe, encuentra gracia delante de Dios y es honrada y preservada para vida eterna. Una verdadera historia de felices por siempre.

“Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.”
Hebreos 11:31
Hebreos once es algo parecido al salón de fama del cristianismo. La galería de los héroes de la fe, esta engalanada por personalidades de la talla de Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Jose y Moisés entre otros; ah y también esta Rahab. Podríamos decir que Hebreos once son las grandes ligas de la vida en la fe. Y entre la lista de personajes históricos y galardonados, se encuentra una prostituta. Así es, a la par de un Abraham, Dios reservó un lugar en el salón de la fama, para una prostituta llamada Rahab.
La historia de Rahab la puede encontrar en el capitulo dos del libro de Josué, y relata como Rahab esconde a los espías de Israel en Jericó, y como hace un pacto con ellos para preservar su vida y la de su familia, de la destrucción que el Dios de Israel está a punto de ejecutar sobre la ciudad, pues ella conoce que el Dios de Israel es el verdadero Dios. 

¿Sabe que es lo cautivador de esta historia? Que la salvación de Rahab dependía de lo mismo de lo que depende la nuestra hoy en día: La fe. Para obtener la gracia de Dios no es necesario ningún acto extraordinario, es más, ni siquiera se necesita ser alguien extraordinario, solamente se necesita tener fe. Rahab no se imaginaria jamás que su nombre seria exaltado, al punto de ponerlo en el mismo nivel de  Abraham y Moisés ¿Podría algún líder religioso de la época pensar, que la prostituta de la esquina sería considerada por Dios digna, para engalanar la galería de la fe? ¿Cómo puede una prostituta pertenecer a la realeza divina? No es un acto ficticio de romance al estilo Hollywood, es la misma gracia que se derramo en la cruz, es el mismo perdón y la misma segunda oportunidad, que nos brinda la gracia divina, la que nos rescata de la más denigrante condición y nos exalta al título de “Hijos de Dios”.  Pero Rahab no fue solamente exaltada por el autor de Hebreos, sino que el mismo Dios la consideró digna de formar parte de la genealogía del Salvador. En el Evangelio de Mateo el evangelista relata lo siguiente:

“Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram. Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón. Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí.”
Mateo 1:1-5
Resultó que Rahab se casó con un verdadero príncipe. Salmón fue descendiente de Judá, así que, la que en alguna ocasión fue ramera, se convirtió en tátara tátara tátara tatarabuela de Jesucristo.

Las historias de cenicienta y finales felices realmente suceden, pero no al estilo Hollywood, sino al estilo Divino. Si alguna vez te has sentido rechazado por tu condición, y el final feliz no es más que una fantasía para tu vida, piensa que la gracia de Dios por medio de la fe, es para nosotros garantía de exaltación. Tu retrato sonriente puede estar en el salón de la fama de Dios, al lado del de Rahab…

lunes, 3 de enero de 2011

Lo que pasó en el año viejo

Algunas personas cuando llega el final de cada año, tendemos a ponernos algo reflexivas. Durante trescientos sesenta y cinco días hemos pasado por tantas cosas. Muchas victorias y buenos momentos, así como abundantes fracasos y tragos amargos. ¿Qué hicimos mal y qué hicimos bien? ¿Qué debemos repetir y que debemos olvidar? Las victorias son fáciles de aceptar. Son como medallas colgadas en nuestro pecho, doradas y brillantes ¡Vaya que son hermosos los recuerdos de victorias! Quizás para muchos, el final del año esta bañado de victoria. Muchos culminan el año llenos de satisfacciones y alegrías. Si ese es su caso me alegro mucho, sin embargo creo que este mensaje no es para usted. Si nunca ha pasado uno de esos años que son para olvidar, le recomiendo otro tipo de lectura.
Pero si alguna vez ha tenido uno de esos años donde los fracasos y las decepciones son tantas, que solo deseas suspirar profundo; esperar que el reloj dé las doce del treinta y uno de diciembre; y decir: “Finalmente se acabo”, le invito a quedarse un momento conmigo y compartir unas cuantas letras al respecto.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”
Romanos 8:28
Algo que siempre me ha dado consuelo, cuando termino uno de “esos años”, es saber que Dios permite que las cosas sucedan por alguna razón, y que sin importar lo difícil que sea la situación, o lo  amargo del trago que haya que tomar, sabemos que Dios es bueno; y es porque Él es bueno que podemos encontrar descanso. A veces nos resulta difícil el concepto de bondad, porque en este mundo la bondad es algo raro de encontrar (es algo casi extinto), sin embargo la bondad de Dios nos habla de su naturaleza perenne, a hacer el bien siempre. Y no solo hacer el bien, sino buscar el bienestar de los que le aman.
Esto último es importante, pues no todos disfrutan del bien de Dios, sino como dice el versículo en Romanos: “…a los que conforme a su propósito son llamados”. No hay que confundir las cosas, aunque Dios es bueno, no hace bondad con todos, sino solo con quienes le son fieles.
Seguramente se esta preguntando: “Si Dios es bueno y yo me esfuerzo por serle fiel, ¿por que me suceden estas cosas malas?” Permítame contarle una historia:

Un hombre anciano tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él, y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?” Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?”. Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?”. Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

A veces nos sentamos a lamentarnos por las circunstancias que suceden, cuando deberíamos esperar un poco a que Dios lleve a cabo sus planes, en su debido tiempo. Puede que lo que nosotros consideramos malo, sea parte de un plan de Dios para nuestras vidas, solo debemos soportar por un poco de tiempo. Al fin y al cabo nuestra confianza está en que es Él, quien lleva las riendas de las circunstancias.
Durante la filmación de la película Ben Hur, había una escena particularmente difícil. Charlton Heston tenía que conducir en una carrera de cuadrigas, en un circo en forma de ovoide. Aunque el señor Heston había aprendido a manejar la cuadriga, le resultaba sumamente difícil mantener el control de la misma, por lo que le mencionó al director William Wyler que probablemente podría conducir la cuadriga, pero difícilmente podría ganar la carrera, a lo que Wyler le contesto: “Asegúrate de permanecer en la cuadriga, yo me encargare de que la tuya gane”. Lo mismo sucede con nosotros, aunque su año haya sido difícil y parece que todo pierde el control, aguarde un poco de tiempo, Dios se encargará de sacarlo victorioso de ahí.